Sus pensamientos llevaban a que la sociedad dijera que EL, si el... tendría que cambiar. No era lo que quería, le haría el bien seguramente, pero dudo que crea que le agá mejor... no lo hace, el se rehúsa... lo único que quiere es que lo mediquen o lo empastillen para poder vivir y morir rápidamente esto que podría llamarse vida. Su cabeza reposada en el suelo mirando al techo blanco y sucio, porque donde el dormía las manchas de humedad entraban muy rápido. Un colchón tirado en suelo, un pequeño escritorio y una lámpara que le servía como su único sol. Tomaba su cuadernillo nuevo, ese que vio tan barato en el todo por 2 de la avenida Rosales. Empezó a escribir su historia, borro la tristeza de su vida y un tiempo después su relato echo cuento influía en su re-a-li-dad. Había encontrado la forma de escribir su destino, el sueño de cualquier mortal frente a su par de ojos... 180 hojas, la tapa marrón y un anillado color oro. Podía dibujar su futuro tan solo con la tinta de su lapicera. Por un par de minutos muy confundido era algo totalmente irreal el creer que existiera algo como esto. Comenzó por cambiar su imagen, su estado económico, la mujer con la que todos los jueves tenia sexo, ¿Quien no haría esto teniendo la oportunidad? Eso que llamaba vida no paso muy rápidamente... como leyendo un libro en cámara lenta pudo disfrutar mas de ella. Se levanto un día y su cabeza le expulsaba una pregunta para si mismo... ¿Seria un inmortal? ¿Un dios? por que la manera de manipular y cambiar el espacio, el tiempo y todo lo que el quisiera a su gusto, ¿no se podía decir que era un poder o un don de un ser superior? Su mente mantuvo su duda por mucho tiempo. El agarro su cuadernillo, y suavemente escribió su muerte y a partir de ahí el escritor junto con su historia acabo.
3 nov 2009
El escritor
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