
Enemigos de la oscuridad, que cobardemente se esconden. Enemigos extraños, que resuenan desde mismo eco del silencio. Enemigos de la vida, tiranos de la bestialidad de la furia. Hoy residentes de la cátedra de mi cabeza, de la pupila que mira ciegamente al mundo, sin respuesta, sin acción, si nada. Pared de hierro, telón impenetrable... hoy tu colapso mas fuerte que nunca. Tu luz que se apaga lentamente en el medio de la insoportable jungla del poder. Delirando descontroladamente lo inimaginable, lo que parecía hasta ahora, recién, hace un segundo atrás... lo imposible. No se haya la ética, la moralidad, ni un mínimo micro-instante de felicidad o radiante sonrisa. Ni la distancia, ni el tiempo son la soga para salvarte de este profundo, desconocido y al parecer un infinito agujero de lo incierto. La inteligencia, el valor, el amor, la magia se ven totalmente inútiles ante el combate, que solo podrá ser ganado con la capacidad, con la ganas y el importante accionar de luchar en el presente, ahora o nunca, perder o ganar, muerte o vida, no hay intermedio, será solo un lado o el otro. Me mantengo ahí, caminando, en la línea, no existe después, no existe ayer, todo se define. El resultado puede ser milagroso o también puede sentenciarte a lo peor, para no volver, jamás, por siempre. A fuerza primitiva, a mente blanca, ese es el único lugar en el que se puede estar.
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